Los líderes europeos reunidos en El Elíseo abandonaron París en la noche del lunes descolocados entre la clara necesidad de aumentar el gasto en defensa y controlar al tiempo sus cuentas públicas. Desde el anfitrión Emmanuel Macron a la italiana Giorgia Meloni, pasando por el primer ministro holandés, Dick Schoof o su homóloga danesa, Mette Frederiksen, todos tienen una pesadilla por delante para elevar el gasto militar sin descabalgar aún más sus finanzas, pero el que salió con el país más atrapado en proporción es el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
España tendrá que hacer el mayor esfuerzo presupuestario de todos los reunidos, pese a ser uno de los que acumula más deuda, según apunta un informe de la agencia europea de calificación Scope Ratings. En las cuentas de Standard&Poor's es el país más afectado de entre los más endeudados reunidos en París.
Ambas agencias de rating toman como escenario central en la nueva situación mundial y las exigencias de Donald Trump que la obligación sea llegar a un 3% del PIB y no ya del 2% al que ni siquiera llega España. Las agencias han comenzado a ponerse en guardia y avisar a sus clientes del rompecabezas europeo.
Para la mencionada Scope, España está abocada a liderar el esfuerzo presupuestario a corto plazo al ser el país que más porcentaje necesitará de sus ingresos anuales para cubrir la brecha que le falta para alcanzar el listón aliado. «Cumplir con un potencial nuevo objetivo de gasto en defensa de la OTAN del 3% del PIB, frente al objetivo actual del 2% (...) implica un aumento del presupuesto de defensa con respecto a los ingresos generados por cada país encabezado por España (9 puntos porcentuales), Alemania (7 puntos porcentuales) y Francia e Italia (ambos alrededor de 5 puntos porcentuales)», afirma en un informe difundido este lunes. «El gasto militar actual de España es bastante bajo, alrededor del 1,3% del PIB. La diferencia con el 3% es, por tanto, de alrededor del 1,7% del PIB o unos 28.500 millones, así que en relación con los ingresos del gobierno central, la de España es la brecha más alta entre los estados de la UE junto con Alemania actualmente», indica a este diario Alvise Lennkh-Yunus. jefe de deuda soberana y sector público de esta agencia europea.
Por su parte, Standard&Poor's, calcula que si Trump impone sus exigencias en la Alianza Atlántica, el déficit español se duplicaría a corto plazo. Sería el más afectado de los endeudados representados en París. Su estimación es que el déficit se disparará en los tres escenarios posibles tomando como ejemplo 2025. Si España se contenta con llegar a la media actual de la OTAN (un 2,67% del PIB), el déficit llegará al 4,3%, frente al 3% considerado máximo posible en la UE para tener unas cuentas saneadas. Si intenta llegar al 3,3% que destina actualmente EEUU , el déficit alcnazaría el 4,9%. Y si Trump se impone y consigue que todos vayan a 5%, el desequilibrio en la cuentas pasaría al 6,6%, un 127% más.
El problema (ver gráfico adjunto) es general para los reunidos en París, pero S&P señala que «el promedio de la UE oculta grandes diferencias. Los de primera línea como Polonia y los bálticos, así como Grecia, gastan más del 3% del PIB. Italia, Portugal y Turquía, alrededor del 1,5% del PIB, mientras que Bélgica, Eslovenia y España, incluso menos».
Sánchez reclamó a la salida que se flexibilicen las reglas de déficit de la UE de modo que el gasto en defensa no compute. Pero eso no es un panacea ante los mercados. «Si bien una mayor flexibilidad en las reglas fiscales puede reducir la probabilidad de procedimientos de déficit excesivo en la UE y, por lo tanto, aliviar el riesgo de estigma, lo que nosotros vigilamos desde el punto de vista de la calificación crediticia, es la posición fiscal y, en consecuencia, los saldos presupuestarios, los pagos de intereses y las trayectorias de la deuda a mediano plazo», indica el responsable de Scope.
«Una decisión de la UE de excluir el gasto de defensa no es relevante para determinar cuánto tienen que endeudarse los gobiernos», corrobora por su parte Frank Gill, de S&P.
El propio Sánchez admite que esa flexibilidad no sería suficiente y pide que sea la UE la que se endeude y reparta dinero, pero esas ayudas de la UE nunca son incondicionales.